Susana Cella
La fuga del infinito mordido/ Susana Cella [+]

ISBN-978-987-4044-58-7

 

Por Pablo Ananía

 

¿Es posible escribir en estos tiempos difíciles sobre azucenas marchitas y narcisos sin ceder a ninguna tentación lírica romántica? Sólo si existe la firme decisión de alcanzar un punto álgido en el que confluyan el raro privilegio de la reflexión nietzscheana y una poética expresionista, carne ausente, cráneos o mandíbulas falsas, jirones de nylon en osamentas secas.

¿Qué se propone esta mujer con su decir reactivo, en instantes hostil, por momentos con humor, más de una vez con ira? ¿Qué loca presunción le permite concebir la realidad sólo como lo que aparenta ser, apenas restos, lo que queda de cosas o de seres, fragmentos de un arbor textualis intenso, profundo, matorrales que encierran, asfixian, y de golpe se iluminan con un pensamiento incendiario que hace estallar con fuerza la pasión ardiente del poema?

Es evidente en Susana Cella su inclinación por una estética que se va y vuelve del barroco al expresionismo, arte el primero que recrea con un saber del Cinquecento, pero que hoy es lengua de ruptura, estética que le permite diseminar figuras corrosivas entre endebles ramitas, tallos raquíticos con el puño apretado, sangrientas mordidas con fugas rantifusas, palabras reas corroyendo el infinito, dando dentelladas para tratar de encontrarle un sentido a la existencia. 

Pero no hacerse ilusiones: nada propone. ¿Describe? No, tampoco. No trata de persuadir ni entretener ni contar ni su musicalidad surge en razón de una especie de felicidad. No. Sustrae. Quita el aliento. ¿Y ella? ¿Es como de pronto se insinúa, fría y distante, o puro fuego viviente?

 

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El fondo

ISBN-978-987-4044-17-4

 

Por Susana Romano Sued

 

El filamento del don de la poesía, reflejo intermitente, luminando, ton y son, aurora y crepúsculo, carne y mente, grito y calladura, configura el ars poética de Susana Cella, cuya insistencia y tesón no dan tregua a la lectura.

La memoria está guardada en cada línea, en los versos, e impulsa a la búsqueda en dirección

—verso—al sentido, y a su contrario, versus. Resguardada en la elipsis, el corte del sentido no es sino la propuesta de cortejar, cotejar, indagar, como se ha insistido en fuentes directas o derivadas, en nemotecnias retentivas, en memoria voluntaria. Lo espontáneo queda fuera de la lectura, la oferta es de trabajo, labor, laboratorio de ensayo sobre el enigma de los vocablos. Sabiendo el dolor y el costo del pensar sin anestesia, es decir, reconocer la puesta en valor de la palabra en su elección ética.

 

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