Raquel Jaduszliwer
Los diagramas radiantes/ Raquel Jaduszliwer [+]

ISBN-978-987-4044-98-3

 

Por un efecto de perspectiva, todas las trayectorias de las diferentes estrellas fugaces pertenecientes a una misma lluvia de estrellas parecieran converger en un punto de la esfera celeste. El presente libro se postula como una materialización de dicho efecto y de sus aspectos indiscernibles (“el tiempo es un lugar por donde va y viene/ lo que no fue apagado, lo que no te abandona”). Al igual que con ciertas palabras, el resplandor persiste más de lo que demora en cobrar sentido, un rumbo fijo e incógnito (“Algo con qué alumbrar/ aunque traiga el incendio”). Lo genial de las estrellas es que no hay nada más, no dejan instructivos; y sin decir adónde, en la penumbra de un umbral o delante del papel, sólo enseñan un rastro dorado. Como si nada de aquello hubiese ocurrido hace mucho tiempo, o como si lo hubiera escrito porque también se puede soñar con miedo, Raquel Jaduszliwer trama en esta colección de poemas titulada “Los diagramas radiantes” una manera de crear condiciones materiales (algo que ha quedado a la intemperie entre los restos de fulgor) ante la desmesura y la inquietud del mundo, como un testigo preciso y sensible que canta, evoca y pregunta cosas para siempre (“Todo sigue cayendo, / dónde hallarás palabras para decir lo tuyo”); alguien que estuvo allí al principio y estuvo allí al final, como la velocidad de la luz, el silencio del árbol de haceldama o cada astro y su curso. 

 

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El árbol de las especies

ISBN-978-987-4044-84-4

 

Un devoto escritor británico solía declarar que iba a envejecer para todo. Para el amor. Para la mentira. Pero que nunca envejecería para el asombro. Siempre lo seguirían asombrando las cosas elementales. La lectura de "El árbol de las especies" de Raquel Jaduszliwer supone revalidar ese ejercicio de la inquietud con una premisa: invisiblemente se conmina al ocioso lector a leer admitiendo cada palabra que no se puede verificar como un sortilegio del que se desprenden música y silencio (“Los heraldos del tiempo lo habían ya anunciado:/ todo fluye en una sola dirección/ la vida debería estar en otra parte"), donde el curso del tiempo ya ha dejado de correr tanto para quién dicta o para quien descifra la irrupción de una añoranza y su letanía ("Ah, cerrazón de los días, herida sin remedio,/la frente contra el filo, quebradura del mundo/ y el estrépito adusto del portal que se cierra"); e incluye en esas reproducciones selectivas un gesto desprevenido a partir del cual se comparte un pasaje, una selfie, una vicisitud ("Así llegaste al día./ El sol canta su aria."), algo que ya se ha percibido antes y que podría llamarse poesía, mundo, identidad, lenguaje, designio, pero que siempre ha de volver. No se trata sólo de una palabra, es un camino.

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Ángel de la enunciación

ISBN-978-987-4044-46-4

                                        

Por Jotaele Andrade

 

Un ángel anuncia el verbo encarnado. Otro ángel enuncia el verbo desencadenado del mundo. Uno no está. Otro es presente en la voz poética, encargada de enunciar, proferir, decir, Uno describe el verba dicendi, el otro lo es. Mano y puño. Sombra y objeto. Humanidad y angelidad.

 

Dice Octavio Paz que los poemas “Revelan un acto que sin cesar se repite: el de la incesante destrucción y creación del hombre, su lenguaje y su mundo”, aquí se lee: “Sucede a veces/ sopla un viento de inicio sobre todas las cosas/ hemos vuelto inocentes del largo recorrido/ bendecidos infantes, salvados por el fuego”.

 

En un lenguaje poético demoledor, como una lengua-tiempo que enuncia en todas sus instancias, se tantea en cenizas y se recuenta todo cuanto ésta acumula: muebles, árboles, seres, espacio y tiempo, hasta articular la memoria recuperada del fuego. Así una voz desde el futuro revela el pasado de nuestro presente pues, si la enunciación es lo-que-ya-no-es, Raquel Jaduszliwer en este libro dice lo-que-deja-de-ser-y-otra-vez-sucede-al-ser-dicho.

 

“la voz; me guardaría la voz/ para plegaria y canto (…) / eterna como no lo será nada de lo que lamenta.”

 

Y, porque Rilke ya dijo “Todo ángel es terrible”, también se nos muestra la medida absoluta de la belleza, su esplendor y su desolación: “Tomarás un manojo de ceniza/ lo arrojarás al aire como un ramo de novia”.

 

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Raquel Jaduszliwer
Raquel Jaduszliwer